Cómo afectan los videojuegos a la memoria
A veces ocurre algo curioso después de jugar durante un tiempo.
Podemos olvidar el nombre de una persona que conocimos esa misma mañana y, sin embargo, recordar perfectamente dónde estaba escondido un objeto en un mapa que recorrimos una sola vez.
También es posible recordar por qué puerta desapareció un rival, cuánta munición quedaba, dónde estaban los compañeros y cuál era el siguiente objetivo, todo mientras seguimos jugando.
Entonces surge una pregunta bastante lógica.
¿Los videojuegos realmente pueden mejorar la memoria?
La respuesta no es simplemente sí o no.
Los videojuegos no parecen mejorar todos los tipos de memoria de la misma forma. Sin embargo, dependiendo del género, de las mecánicas y de la manera de jugar, pueden estimular capacidades concretas como la atención selectiva, la atención visuoespacial, la memoria de trabajo, la memoria espacial y el control cognitivo.
Al mismo tiempo, jugar durante demasiadas horas, especialmente por la noche, puede reducir el sueño y terminar perjudicando precisamente algunos de los procesos que permiten consolidar los recuerdos.
Para entenderlo bien, primero hay que abandonar una idea bastante común: la memoria no es una sola capacidad.
Videojuegos y memoria: no existe una única “memoria”
Cuando decimos que alguien tiene buena memoria, solemos agrupar muchas capacidades diferentes bajo una misma palabra.
Recordar un número de teléfono durante unos segundos no es lo mismo que recordar un viaje de hace diez años.
Tampoco es igual aprender una lista de palabras que recordar cómo llegar a un lugar que visitamos hace varios meses.
En los estudios sobre videojuegos aparecen con frecuencia varias funciones cognitivas.
| Función cognitiva | Qué hace | Ejemplo durante un videojuego |
|---|---|---|
| Atención selectiva | Permite concentrarse en la información relevante | Detectar a un enemigo entre muchos estímulos |
| Atención sostenida | Mantiene la concentración durante un periodo prolongado | Seguir una misión o una partida larga |
| Memoria de trabajo | Mantiene información temporalmente mientras la utilizamos | Recordar posiciones y recursos mientras tomamos decisiones |
| Memoria espacial | Guarda información sobre lugares y relaciones espaciales | Recordar mapas, caminos o ubicaciones |
| Control cognitivo | Ayuda a ignorar distracciones y elegir una respuesta adecuada | No reaccionar ante estímulos irrelevantes |
| Memoria a largo plazo | Almacena información durante periodos largos | Recordar reglas, estrategias y mapas |
Por eso, decir simplemente que “los videojuegos mejoran la memoria” resulta demasiado general.
La pregunta correcta sería otra:
¿Qué tipo de memoria o función cognitiva está utilizando ese videojuego de forma repetida?
Antes de la memoria aparece la atención
Para recordar algo, primero tenemos que prestarle atención.
Parece obvio, pero esta idea es fundamental.
En psicología cognitiva, el proceso mediante el cual la información empieza a transformarse en un recuerdo se denomina codificación, o encoding.
Imaginemos que caminamos por una calle mientras miramos constantemente el teléfono.
Cinco minutos después alguien nos pregunta qué tienda acabamos de pasar.
Puede que no lo recordemos.
Eso no significa necesariamente que nuestra memoria sea mala.
Es posible que nunca prestáramos suficiente atención como para que esa información se codificara correctamente.
Muchos videojuegos, sobre todo los de acción, obligan al jugador a realizar este proceso de selección continuamente.
En pantalla pueden aparecer enemigos, compañeros, objetivos, indicadores, munición, objetos, movimientos y cambios en el entorno.
El cerebro tiene que decidir rápidamente qué información es importante y cuál puede ignorarse.
Aquí entran en juego la atención selectiva y la atención visuoespacial.
Por eso, cuando se estudia la relación entre videojuegos y memoria, muchas veces el primer cambio que aparece no está directamente en la memoria, sino en la forma en la que el jugador distribuye su atención.
Y si la información se selecciona y procesa mejor al principio, también puede tener más posibilidades de almacenarse posteriormente.
¿Los videojuegos de acción mejoran realmente la atención?
Los videojuegos de acción han sido uno de los géneros más estudiados en neurociencia cognitiva.
Diversas investigaciones han observado que jugadores experimentados pueden rendir mejor que personas que no juegan en ciertas tareas relacionadas con la percepción visual y la atención.
Por ejemplo, pueden mostrar mayor capacidad para localizar estímulos relevantes dentro de escenas visuales complejas o para distribuir la atención entre distintas zonas del campo visual.
Pero aquí aparece un problema importante.
¿Los videojuegos produjeron esa diferencia?
¿O las personas que ya tenían buenas capacidades de atención eran más propensas a interesarse por ese tipo de juegos?
Esta diferencia entre correlación y causalidad es clave.
Por eso, los estudios más interesantes no solo comparan jugadores con no jugadores.
También asignan a personas a programas de entrenamiento y observan si sus capacidades cambian después de varias semanas de juego.
En este tipo de estudios sí aparecen mejoras en algunas habilidades atencionales, aunque los efectos suelen ser modestos.
Una de las funciones que se estudia con frecuencia es la atención top-down.
Se trata de la capacidad de dirigir voluntariamente la atención hacia aquello que es importante para un objetivo.
Por ejemplo, ignorar explosiones, luces o movimientos secundarios mientras buscamos un objetivo concreto.
Esto no significa que jugar convierta automáticamente a alguien en una persona “más inteligente”.
Significa que determinadas tareas del juego pueden entrenar de forma repetida ciertos mecanismos de atención.
La memoria de trabajo se utiliza constantemente durante una partida
La memoria de trabajo, o working memory, permite mantener información en la mente durante unos segundos mientras la usamos para resolver una tarea.
Un ejemplo cotidiano sería conducir con GPS.
El navegador dice:
“Gire a la derecha dentro de 300 metros”.
Tenemos que conservar esa información mientras vigilamos el tráfico, los semáforos, los peatones y el carril adecuado.
Eso es memoria de trabajo.
En muchos videojuegos ocurre exactamente lo mismo.
En un juego de estrategia podemos estar controlando nuestros recursos, el coste de una construcción, la posición del rival y el tiempo que falta para producir una nueva unidad.
En un shooter podemos recordar dónde vimos al enemigo por última vez mientras comprobamos la munición, el mapa y la posición de nuestros compañeros.
No estamos memorizando información de forma pasiva.
La estamos utilizando, modificando y actualizando.
A este proceso se le llama actualización de la memoria de trabajo, o working memory updating.
Algunos estudios de entrenamiento con videojuegos han encontrado pequeñas mejoras en este tipo de función.
Sin embargo, los resultados varían según la edad, el tipo de juego y la metodología del estudio.
Por eso, es más preciso decir que ciertos videojuegos pueden entrenar determinados componentes de la memoria de trabajo que afirmar que los videojuegos mejoran toda la memoria.
¿Por qué se estudia tanto la memoria espacial en los videojuegos?
La memoria espacial es especialmente interesante cuando hablamos de mundos virtuales.
Esta capacidad nos permite recordar dónde están las cosas y cómo se relacionan unos lugares con otros.
La utilizamos para recordar dónde aparcamos el coche, cómo llegar a una estación o qué camino debemos tomar para volver a casa.
Una de las estructuras cerebrales más importantes en este proceso es el hipocampo.
El hipocampo participa tanto en la formación de nuevos recuerdos como en la navegación espacial.
Los videojuegos tridimensionales pueden exigir una gran cantidad de aprendizaje espacial.
El jugador puede tener que recordar que una escalera lleva a una habitación, que detrás de un edificio existe un acceso secundario o que un pasillo conecta con una zona visitada anteriormente.
Poco a poco, se forma una especie de representación interna del entorno.
En neurociencia, este concepto suele relacionarse con el cognitive map, o mapa cognitivo.
Es algo parecido a lo que ocurre cuando llegamos por primera vez a una ciudad desconocida.
Al principio dependemos mucho del mapa.
Después de caminar varias veces por las mismas calles, empezamos a construir una representación mental del lugar.
Algunos videojuegos pueden provocar un proceso bastante similar.
Caso real: Super Mario 64 y los cambios en el hipocampo
Uno de los estudios más citados sobre videojuegos y memoria espacial analizó a adultos de entre 55 y 75 años.
Los participantes se dividieron en varios grupos.
Un grupo entrenó jugando a Super Mario 64.
Otro grupo aprendió piano utilizando un programa informático.
Un tercer grupo no siguió el mismo tipo de entrenamiento.
Los participantes del grupo de videojuegos pasaron varios meses explorando un entorno tridimensional y aprendiendo a orientarse en él.
Los investigadores observaron cambios en la materia gris del hipocampo en el grupo que había realizado el entrenamiento con el videojuego.
También se encontraron cambios en otras regiones cerebrales en los grupos de entrenamiento.
Es un resultado interesante.
Pero conviene interpretarlo con cuidado.
No significa que jugar a Super Mario 64 haga crecer automáticamente el hipocampo de cualquier persona.
El número de participantes era reducido y se trataba de una intervención muy concreta.
Lo interesante es otra cosa.
Incluso en adultos mayores, aprender a desplazarse por nuevos entornos tridimensionales puede estar relacionado con la neuroplasticidad.
La neuroplasticidad es la capacidad del cerebro para modificar su estructura y funcionamiento en respuesta a la experiencia.
En otras palabras, lo importante probablemente no sea que la actividad se llame “videojuego”.
Lo importante es qué tipo de problema está resolviendo el cerebro una y otra vez.
El género del juego puede importar menos de lo que pensamos
Durante años, muchos estudios clasificaron los videojuegos simplemente por género.
Acción.
Estrategia.
Puzles.
Aventura.
Juegos casuales.
Pero esta clasificación puede ser demasiado amplia.
Dos juegos de acción pueden exigir capacidades completamente distintas.
Uno puede obligarnos a rastrear objetivos que se mueven rápidamente.
Otro puede depender mucho más de memorizar escenarios.
Incluso dentro de los juegos de estrategia hay diferencias enormes.
Algunos requieren planificación a largo plazo.
Otros terminan convirtiéndose en una repetición de acciones conocidas una vez que hemos aprendido la estrategia óptima.
Por eso, investigaciones más recientes analizan cada vez más las características concretas del gameplay.
Es decir, qué tiene que hacer realmente el jugador.
El cerebro no sabe que una tienda digital ha clasificado un título como “acción” o “estrategia”.
Lo que el cerebro recibe son tareas.
Buscar.
Recordar.
Comparar.
Actualizar información.
Planificar.
Tomar decisiones.
Y son esas tareas repetidas las que pueden producir adaptación.
Lo que pienso a mitad del análisis
Cuanto más se revisan estos estudios, menos útil parece dividir los videojuegos entre “buenos para el cerebro” y “pérdida de tiempo”.
El ajedrez tampoco mejora automáticamente todos los tipos de memoria.
Con los videojuegos ocurre algo parecido.
Si un juego obliga a explorar lugares desconocidos, estamos utilizando memoria espacial.
Si exige seguir información que cambia rápidamente, estamos utilizando atención y memoria de trabajo.
Si obliga a modificar continuamente una estrategia, entra en juego el control cognitivo.
Al final, lo importante no parece ser simplemente “jugar”.
Lo importante es qué está haciendo el cerebro mientras jugamos.
¿Las habilidades aprendidas en un videojuego se transfieren a la vida real?
Aquí aparece un concepto muy importante: el efecto de transferencia.
En investigación cognitiva se suele diferenciar entre transferencia cercana y transferencia lejana.
La transferencia cercana, o near transfer, ocurre cuando mejoramos en una tarea muy parecida a la que hemos practicado.
Por ejemplo, si entrenamos durante semanas siguiendo objetos que se mueven rápidamente y después mejoramos en una prueba visual similar.
La transferencia lejana, o far transfer, es mucho más difícil.
Implicaría que esa mejora se extendiera a capacidades muy diferentes.
Por ejemplo:
Mejor rendimiento escolar.
Mayor memoria general.
Mejor desempeño laboral.
Aumento de la inteligencia.
Ese tipo de transferencia es mucho más complicado de demostrar científicamente.
Muchas intervenciones cognitivas funcionan bien en tareas parecidas a las entrenadas.
Pero eso no significa que sus beneficios se extiendan automáticamente a toda la vida diaria.
Una persona puede ser extraordinariamente buena recordando mapas dentro de un videojuego y, al mismo tiempo, seguir olvidando nombres, citas o dónde dejó las llaves.
Consejo en una línea: en lugar de preguntar “¿este juego es bueno para el cerebro?”, es más útil preguntar “¿qué información obliga este juego a observar, recordar, actualizar y utilizar repetidamente?”.
¿Qué muestran los estudios más amplios?
Un metaanálisis publicado en 2026 en Acta Psychologica revisó 133 estudios publicados entre 2005 y 2025.
En total, se analizaron datos de más de 14.000 participantes.
Los investigadores estudiaron la relación entre los videojuegos y diferentes capacidades cognitivas, entre ellas:
Memoria.
Capacidad espacial.
Atención visual.
Control cognitivo.
Medidas relacionadas con la inteligencia.
En conjunto, se encontraron asociaciones positivas estadísticamente significativas en varios dominios cognitivos.
Sin embargo, el tamaño medio de los efectos fue pequeño.
Esta parte es fundamental.
La evidencia no dice que los videojuegos transformen la memoria.
Pero tampoco respalda la idea de que no tengan ningún efecto cognitivo.
La realidad parece encontrarse en un punto intermedio.
Algunas formas de juego pueden estar asociadas con mejoras pequeñas pero medibles en determinadas capacidades.
Jugar más horas no significa mejorar más la memoria
Si los videojuegos pueden estimular algunas funciones cognitivas, podríamos pensar que jugar más debería producir más beneficios.
No necesariamente.
Cuando empezamos un juego nuevo, casi todo exige atención.
Tenemos que aprender los controles.
Entender las reglas.
Recordar el mapa.
Identificar enemigos.
Aprender los objetos.
Descubrir estrategias.
Después de cientos de horas, muchas de esas tareas dejan de requerir un esfuerzo consciente.
Las respuestas se vuelven automáticas.
Este fenómeno se denomina automaticidad.
Cuando una tarea se automatiza, la carga cognitiva puede disminuir.
Por eso, repetir durante cientos de horas exactamente la misma actividad no equivale necesariamente a realizar cientos de horas de entrenamiento cognitivo de alta intensidad.
Desde este punto de vista, aprender cosas nuevas puede ser más importante que simplemente acumular horas.
Los videojuegos también pueden perjudicar la memoria de forma indirecta
Hay otra parte del problema que no conviene ignorar.
Una cosa es la estimulación cognitiva producida por el juego.
Otra muy distinta son los hábitos que pueden acompañarlo.
El sueño es probablemente el mejor ejemplo.
Los recuerdos no terminan de formarse en el momento en que aprendemos algo.
Después, el cerebro continúa reorganizando y estabilizando la información.
Este proceso se denomina consolidación de la memoria.
El sueño desempeña un papel muy importante en él.
Por eso, incluso si un videojuego estimula la atención o la memoria espacial, jugar hasta altas horas de la madrugada puede producir el efecto contrario.
Dormir poco puede afectar a la atención del día siguiente, al aprendizaje y a la consolidación de nuevos recuerdos.
Algunos estudios han relacionado el gaming nocturno prolongado con un inicio del sueño más tardío, menor duración total del sueño y más fatiga.
Eso no significa que jugar por la noche sea automáticamente perjudicial.
No es lo mismo jugar 45 minutos y acostarse a una hora razonable que seguir jugando hasta las tres de la madrugada antes de trabajar o estudiar al día siguiente.
El estilo de juego puede importar más que el número de horas
Dos personas pueden jugar exactamente dos horas y recibir estímulos cognitivos muy diferentes.
Una puede pasar ese tiempo explorando un mapa nuevo, aprendiendo rutas y creando una estrategia.
La otra puede repetir una tarea que ya domina casi de forma automática.
El tiempo es idéntico.
La exigencia cognitiva no.
| Forma de jugar | Funciones cognitivas más implicadas |
|---|---|
| Explorar entornos 3D desconocidos | Memoria espacial y mapas cognitivos |
| Seguir objetivos que se mueven rápido | Atención selectiva y visuoespacial |
| Controlar varias variables al mismo tiempo | Memoria de trabajo y control cognitivo |
| Diseñar estrategias a largo plazo | Planificación y toma de decisiones |
| Repetir acciones muy conocidas | Menor estimulación cognitiva nueva |
| Jugar hasta altas horas | Posible alteración del sueño y la consolidación |
| Sustituir ejercicio o estudio por gaming | Posibles efectos indirectos sobre la salud cognitiva |
Por eso, analizar solamente “cuántas horas juega una persona por semana” puede ser insuficiente.
También hay que observar qué hace durante esas horas y qué otras actividades está desplazando.
¿Qué zonas del cerebro aparecen con frecuencia en estos estudios?
Varias regiones cerebrales aparecen repetidamente en la investigación sobre videojuegos.
El hipocampo participa en la memoria y en la navegación espacial.
La corteza prefrontal interviene en funciones como la planificación, el control de impulsos, la toma de decisiones y la memoria de trabajo.
La corteza parietal participa en el procesamiento espacial y en diversos mecanismos de atención.
También intervienen las áreas visuales y motoras.
Durante una partida se repite constantemente una secuencia:
Vemos información.
La interpretamos.
Recordamos lo importante.
Elegimos una acción.
Actuamos.
Observamos el resultado.
Corregimos la estrategia.
A este ciclo se le puede describir como perception-action loop, o bucle percepción-acción.
Un videojuego puede hacer que este proceso se repita cientos o miles de veces.
Esa intensidad es una de las razones por las que los videojuegos resultan tan interesantes para la ciencia cognitiva.
Cómo utilizar los videojuegos como una actividad cognitivamente más rica
Si queremos que jugar sea también una forma de estimulación cognitiva, el desafío importa más que acumular horas.
En juegos de exploración, podemos intentar orientarnos sin depender siempre de los marcadores del mapa.
En juegos de estrategia, podemos crear nuestros propios planes en lugar de copiar directamente la estrategia óptima de una guía.
En los juegos de puzles, puede ser más interesante enfrentarse a problemas nuevos que repetir niveles que ya dominamos.
Lo importante es mantener un componente de aprendizaje.
También conviene cuidar el sueño.
Un juego puede exigir mucha atención y memoria, pero si ese mismo hábito reduce el descanso cada noche, el balance cognitivo puede terminar siendo negativo.
Los videojuegos tampoco deberían sustituir por completo otras actividades importantes.
Ejercicio.
Lectura.
Aprender habilidades nuevas.
Conversar con otras personas.
Resolver problemas reales.
Dormir bien.
El cerebro se beneficia de la variedad.
Los videojuegos pueden desafiar la memoria, pero no son un entrenamiento cerebral mágico
La investigación sobre videojuegos y cognición es mucho más interesante de lo que suele parecer en titulares simplificados.
Los videojuegos de acción se han relacionado con diferencias en la atención visuoespacial.
Algunos programas de entrenamiento han mostrado cambios en componentes de la memoria de trabajo.
Los entornos tridimensionales pueden utilizar intensamente los sistemas de memoria espacial.
También se han observado cambios relacionados con la plasticidad cerebral en determinados estudios.
Pero los efectos son selectivos.
El gran metaanálisis de 2026 encontró relaciones positivas con varias capacidades cognitivas, aunque el tamaño medio de los efectos fue pequeño.
Probablemente esa sea la conclusión más equilibrada.
Los videojuegos no son un potenciador universal de la memoria.
Son entornos complejos que pueden hacer trabajar intensamente determinadas capacidades cognitivas.
Un juego de exploración puede exigir memoria espacial.
Un juego rápido puede exigir atención.
Un juego estratégico puede exigir memoria de trabajo y planificación.
El cerebro no se adapta simplemente al hecho de “jugar a videojuegos”.
Se adapta a los problemas que resuelve repetidamente.
Los videojuegos pueden hacer que utilicemos repetidamente determinadas funciones cognitivas, como la atención, la memoria de trabajo y la memoria espacial. Sin embargo, nuestra capacidad para recordar no depende únicamente de jugar. La atención durante el aprendizaje, la consolidación de la memoria mientras dormimos, la práctica de recuperación, el ejercicio y el estrés también influyen en cómo almacenamos y recuperamos la información.
Si además de los videojuegos quiere entender cómo aprender mejor y conservar los recuerdos durante más tiempo, en 「Cómo mejorar la memoria|Neurociencia para aprender mejor y recordar durante más tiempo」 encontrará una explicación completa sobre cómo se forman los recuerdos y qué hábitos y estrategias pueden ayudar a fortalecer la memoria en la vida diaria.
La opinión de Kori
Después de revisar estos estudios, me parece que centrarse únicamente en las horas de juego deja fuera la parte más interesante.
La pregunta importante es qué estaba haciendo el cerebro durante ese tiempo.
¿Estaba aprendiendo un mapa nuevo?
¿Seguía varias fuentes de información?
¿Probaba estrategias diferentes?
¿Tomaba decisiones rápidamente?
¿O simplemente repetía una secuencia que ya estaba completamente automatizada?
La respuesta cambia mucho la interpretación.
Y hay otro punto que no conviene olvidar.
Incluso el juego más complejo desde el punto de vista cognitivo pierde parte de su sentido si cada noche nos roba sueño.
Los videojuegos no son una medicina para la memoria.
Tampoco son necesariamente una actividad perjudicial para el cerebro.
Dependiendo de cómo se utilicen, pueden convertirse en un entorno interesante para ejercitar la atención, la memoria de trabajo, la orientación espacial y la resolución de problemas.
La clave no parece estar en jugar más.
Está en seguir aprendiendo.
Cómo afectan los videojuegos a la memoria Referencias
Acta Psychologica
The Association Between Video Game Play and Cognitive Ability: A Systematic Review and Meta-analysis, 2026
Psychological Bulletin
Bediou B. et al.
Meta-analysis of Action Video Game Impact on Perceptual, Attentional, and Cognitive Skills, 2018
PLOS ONE
Smith E. T., Basak C.
A Game-factors Approach to Cognitive Benefits from Video-game Training: A Meta-analysis, 2023
PLOS ONE
West G. L. et al.
Playing Super Mario 64 Increases Hippocampal Grey Matter in Older Adults, 2017
Dialogues in Clinical Neuroscience
Kühn S. et al.
Effects of Computer Gaming on Cognition, Brain Structure, and Function: A Critical Reflection on Existing Literature, 2019
Sleep Medicine
Estudios y revisiones sistemáticas sobre videojuegos, sueño y rendimiento cognitivo después del descanso
National Library of Medicine – National Institutes of Health
Cómo afectan los videojuegos a la memoria Preguntas frecuentes
1. ¿Los videojuegos realmente mejoran la memoria?
Algunos videojuegos pueden estimular funciones cognitivas relacionadas con la memoria, pero no mejoran todos los tipos de memoria de la misma manera.
Las evidencias más interesantes aparecen en áreas como la atención visuoespacial, la memoria espacial y ciertos componentes de la memoria de trabajo.
Además, mejorar en una tarea relacionada con un videojuego no significa necesariamente que la memoria cotidiana mejore en la misma proporción.
2. ¿Qué tipo de videojuego es mejor para entrenar la memoria?
No existe un único videojuego que pueda considerarse científicamente “el mejor para la memoria”.
Lo importante son las demandas cognitivas.
Los juegos que exigen explorar espacios nuevos, mantener varias informaciones activas, cambiar de estrategia, planificar y localizar estímulos relevantes pueden implicar más procesos cognitivos.
Por eso, las mecánicas concretas suelen ser más importantes que la etiqueta del género.
3. ¿Jugar más horas mejora más la memoria?
No necesariamente.
A medida que dominamos un videojuego, muchas acciones se automatizan y requieren menos esfuerzo cognitivo.
Además, jugar demasiadas horas puede reducir el tiempo dedicado al sueño, al ejercicio o al estudio.
Para mantener una estimulación cognitiva interesante, puede ser más útil enfrentarse a problemas nuevos y conservar buenos hábitos de sueño que simplemente aumentar las horas de juego.

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