Criaturas marinas de Avatar: la ciencia del océano de Pandora

Criaturas marinas de Avatar

A medida que descendemos hacia las profundidades del océano, el mundo que conocemos desaparece con una rapidez sorprendente.

A partir de unos 200 metros de profundidad, la luz solar comienza a debilitarse de manera drástica. Mucho más abajo, en la llamada zona de medianoche, la diferencia entre el día y la noche prácticamente deja de tener importancia.

Allí no hay árboles, praderas ni paisajes reconocibles.

Los animales deben orientarse en la oscuridad mediante vibraciones, olores, cambios de presión, señales eléctricas y pequeños destellos de luz producidos por sus propios cuerpos.

Existen peces con la cabeza transparente y los ojos protegidos en su interior. Hay calamares con un ojo mucho más grande que el otro. Algunos depredadores pueden engullir presas casi tan grandes como ellos, mientras que ciertos organismos coloniales están formados por miles de individuos especializados que se desplazan como si fueran un único animal.

Por eso, cuando vemos imágenes reales de una expedición submarina, a veces parece que estamos observando una película de ciencia ficción rodada en otro planeta.

El océano de Avatar: El sentido del agua produce una sensación parecida.

Cuando la familia de Jake Sully abandona los bosques de Pandora y busca refugio entre los Metkayina, un clan na’vi adaptado a la vida marina, la película presenta un ecosistema completamente diferente.

Sus criaturas recuerdan a ballenas, delfines, tiburones, peces voladores, mantarrayas, medusas y corales. Sin embargo, ninguna es una copia exacta de un animal terrestre.

Entonces surge una pregunta inevitable: ¿las criaturas marinas de Avatar nacieron únicamente de la imaginación?

No exactamente.

Sus cuerpos y comportamientos combinan principios reales de la biología marina: evolución convergente, hidrodinámica, bioluminiscencia, camuflaje por contrailuminación, depredación de bajo consumo energético, aprendizaje social y cultura animal.

Al comparar las criaturas marinas de Avatar con animales reales de las profundidades, podemos entender por qué el océano de Pandora parece fantástico y, al mismo tiempo, extrañamente creíble.


El océano de Pandora no es exactamente un ecosistema abisal

Conviene aclarar primero que la mayor parte de Avatar: El sentido del agua no transcurre en las profundidades oceánicas.

Los Metkayina viven alrededor de islas tropicales, lagunas, arrecifes y enormes estructuras costeras parecidas a manglares. Su territorio recuerda a una combinación de atolón, bosque de raíces y arrecife de coral.

La luz solar penetra en el agua y permite el desarrollo de un ecosistema colorido y productivo.

En los océanos terrestres, los primeros 200 metros forman aproximadamente la zona iluminada o zona fótica. Allí puede realizarse la fotosíntesis, aunque la cantidad de luz disminuye a medida que aumenta la profundidad.

Por debajo de los 1.000 metros, la luz solar prácticamente desaparece.

El arrecife de Pandora es, por tanto, mucho más luminoso que el océano profundo de la Tierra.

Aun así, muchas escenas transmiten una atmósfera abisal.

Esto se debe a que numerosos organismos de Pandora son translúcidos, poseen grandes aletas o tentáculos y producen luz. Son características que recuerdan más a las medusas, los ctenóforos, los sifonóforos y los calamares de aguas profundas que a los peces habituales de un arrecife tropical.

Podríamos decir que el océano de Pandora combina la riqueza de un arrecife coralino con la apariencia misteriosa de las profundidades.


Comparación entre las criaturas de Avatar y los animales reales

Criatura o característica de PandoraRasgos principalesAnimales terrestres similaresRelación científica
TulkunGran tamaño, inteligencia, memoria y culturaBallenas jorobadas, cachalotes y orcasComunicación, aprendizaje social y cultura animal
IluNatación rápida, respiración aérea y conexión con el jineteDelfines, focas e ictiosauriosCuerpo hidrodinámico y evolución convergente
SkimwingNada bajo el agua y planea sobre la superficiePeces voladores y mantarrayasSustentación, impulso y reducción de la resistencia
AkulaGran depredador acorazado y cazador de emboscadaTiburones, meros y peces abisalesAhorro energético y ataques explosivos
Organismos luminososBrillan al ser tocados o alteradosDinoflagelados, medusas, calamares y sifonóforosBioluminiscencia, defensa y comunicación
Red biológica del arrecifeLos organismos parecen intercambiar informaciónColonias de coral y simbiosis microbianasSeñalización química y redes ecológicas

Los tulkun y las ballenas: la cultura importa tanto como la inteligencia

El tulkun es la criatura marina más importante de Avatar: El sentido del agua.

A primera vista parece una ballena extraterrestre de tamaño gigantesco. Sin embargo, en la película queda claro que no se trata de un simple animal salvaje.

Los tulkun tienen nombres, familias, recuerdos históricos y formas complejas de comunicación. También crean música y poseen tradiciones que podrían compararse con la poesía o la filosofía.

En el pasado participaron en conflictos violentos, pero posteriormente adoptaron una cultura basada en el rechazo absoluto de la violencia. Payakan, el joven tulkun que establece una relación con Lo’ak, fue apartado de su comunidad después de romper esa norma.

No existe evidencia de que las ballenas terrestres escriban poesía, desarrollen sistemas filosóficos o debatan principios éticos.

Sin embargo, varios comportamientos reales de los cetáceos ayudan a comprender el origen de esta idea.

Los machos de ballena jorobada producen cantos largos y estructurados. Los individuos de una misma región suelen compartir canciones parecidas, pero esas canciones cambian con el tiempo.

Una nueva versión puede propagarse entre diferentes poblaciones, casi como una moda musical que viaja de un grupo a otro.

Las orcas ofrecen otro ejemplo especialmente interesante.

Cada comunidad puede tener vocalizaciones, dietas y técnicas de caza propias. Algunas se especializan en capturar peces, mientras que otras persiguen focas, tiburones o incluso ballenas.

Estos comportamientos no dependen únicamente de los genes.

Los individuos jóvenes observan a los adultos, practican y aprenden. Más tarde transmiten ese conocimiento a la siguiente generación.

Los científicos utilizan el concepto de cultura animal para describir tradiciones aprendidas socialmente que se mantienen dentro de una población.

Los tulkun llevan esta idea mucho más allá de lo demostrado por la ciencia. Aun así, pueden entenderse como una ampliación imaginativa de la memoria, la inteligencia, la comunicación y el aprendizaje cultural de las ballenas reales.


La amrita y la historia de la caza de ballenas

En la película, los humanos cazan tulkun para extraer de sus cerebros una sustancia llamada amrita.

Según la historia, esta sustancia puede detener el envejecimiento humano y alcanza un precio extraordinariamente elevado.

En el mundo real no se conoce ninguna sustancia marina capaz de detener por completo el envejecimiento. Sin embargo, la idea de matar grandes animales oceánicos para obtener un producto rentable tiene un claro precedente histórico.

Durante siglos, las ballenas fueron perseguidas por su carne, aceite, huesos y barbas.

El aceite de ballena se utilizó para iluminar viviendas y ciudades, lubricar maquinaria y fabricar productos como jabón. Las barbas se emplearon en ropa, paraguas, utensilios y diversos artículos industriales.

La película actualiza este antiguo conflicto.

Los cazadores no ven al tulkun como un ser inteligente con relaciones familiares y tradiciones. Lo consideran un recipiente que contiene una sustancia cara.

Aquí aparece uno de los temas centrales de Avatar: la diferencia entre contemplar un ecosistema como una comunidad de seres vivos o reducirlo a una colección de recursos explotables.


El ilu y los delfines: por qué los nadadores rápidos se parecen

El ilu es un animal marino que los Metkayina utilizan para desplazarse.

Tiene un cuerpo alargado, grandes aletas y una forma de nadar suave y rápida. También respira aire, por lo que necesita regresar periódicamente a la superficie, igual que los delfines y las ballenas.

Su característica más convincente desde el punto de vista científico es el cuerpo hidrodinámico.

El agua es mucho más densa que el aire.

Un animal con un cuerpo ancho, irregular o demasiado rígido debe gastar una gran cantidad de energía para avanzar. En cambio, una forma redondeada en la parte delantera y estrecha en la parte posterior permite que el agua fluya alrededor del cuerpo con menos resistencia.

Los atunes son peces.

Los delfines son mamíferos.

Los ictiosaurios fueron reptiles marinos que se extinguieron hace millones de años.

A pesar de pertenecer a linajes evolutivos muy diferentes, los tres desarrollaron cuerpos con una forma parecida a la de un torpedo.

Este fenómeno se conoce como evolución convergente.

Cuando especies no relacionadas enfrentan problemas ambientales semejantes, la selección natural puede llevarlas hacia soluciones corporales similares.

Si en Pandora existen grandes animales capaces de nadar a alta velocidad, también necesitarán reducir la resistencia del agua.

Por eso, el parecido entre el ilu, los delfines y los antiguos reptiles marinos no es solo una decisión estética. Responde a una lógica física que se ha repetido varias veces en la historia de la vida terrestre.


El skimwing, los peces voladores y las mantarrayas

El skimwing es una de las criaturas más llamativas del océano de Pandora.

Puede nadar a gran velocidad, salir del agua y desplegar unas estructuras parecidas a alas para planear sobre la superficie. Los Metkayina lo utilizan para viajar, cazar y desplazarse rápidamente entre el agua y el aire.

No existe un equivalente exacto en la Tierra, pero varias especies muestran partes de este comportamiento.

Los peces voladores aceleran bajo el agua cuando intentan escapar de un depredador. Después saltan por encima de la superficie y extienden sus grandes aletas pectorales.

No vuelan como las aves, ya que no baten las aletas continuamente. Utilizan la velocidad conseguida bajo el agua y la sustentación del aire para planear.

Las mantarrayas aportan otra comparación.

Sus aletas pectorales son tan anchas que, al moverse, parecen alas. En lugar de atravesar el agua como un pez convencional, dan la impresión de volar bajo la superficie.

El skimwing combina ambas estrategias: el planeo aéreo de los peces voladores y la natación ondulante de las mantarrayas.

Las condiciones físicas de Pandora podrían favorecer esta capacidad.

La luna tiene una gravedad menor que la terrestre y una atmósfera más densa. Con menor gravedad, un animal caería más lentamente. Una atmósfera densa, además, podría generar una mayor sustentación sobre sus alas o aletas.

Esto permitiría que un animal grande permaneciera más tiempo en el aire que uno similar en la Tierra.

La parte más complicada es la respiración.

El skimwing parece utilizar branquias bajo el agua y una forma de respiración aérea durante sus desplazamientos sobre la superficie.

En la Tierra existen peces pulmonados capaces de respirar tanto mediante branquias como con pulmones. También hay peces anfibios que absorben oxígeno a través de tejidos especializados.

Sin embargo, mantener dos sistemas respiratorios eficientes en un animal grande, rápido y muy activo exigiría músculos potentes, una circulación sanguínea avanzada y una enorme capacidad para almacenar oxígeno.

Consejo rápido: al analizar un animal imaginario, conviene preguntarse qué problema ambiental resuelve cada órgano extraño.


El akula y la lógica de los depredadores de las profundidades

El akula es uno de los grandes depredadores del arrecife de Pandora.

Posee mandíbulas enormes, dientes afilados y un cuerpo protegido por estructuras que recuerdan a una armadura.

Su apariencia evoca a los grandes tiburones, pero su cuerpo segmentado también recuerda a peces acorazados prehistóricos y a ciertos artrópodos marinos.

En la película se mueve con gran rapidez.

Sin embargo, muchos depredadores de las profundidades terrestres dependen más de la paciencia que de la velocidad.

En el océano profundo, la comida es escasa y aparece de manera irregular. Un depredador que nade constantemente a máxima velocidad puede gastar más energía de la que obtiene al capturar una presa.

Por esta razón, numerosos animales abisales permanecen quietos y esperan.

El rape abisal utiliza un señuelo luminoso situado delante de la boca. En lugar de recorrer grandes distancias buscando alimento, atrae a pequeños animales interesados por la luz.

El engullidor negro posee mandíbulas flexibles y un estómago capaz de expandirse. Puede tragar presas sorprendentemente grandes en comparación con su propio cuerpo.

Cuando no se sabe cuándo llegará la siguiente oportunidad de alimentarse, resulta ventajoso aprovechar cada encuentro al máximo.

La armadura del akula también implicaría un coste.

Las placas protectoras podrían evitar heridas, pero aumentarían el peso y la resistencia al agua. Por eso, un depredador acorazado probablemente sería más eficaz escondiéndose y realizando ataques breves y explosivos que persiguiendo a sus presas durante mucho tiempo.


La bioluminiscencia: la ciencia real detrás del resplandor de Pandora

Uno de los aspectos más recordados de Avatar es la manera en que los organismos producen luz.

Las plantas brillan al ser tocadas. Los animales marinos dejan rastros azules y violetas mientras nadan. El océano parece responder físicamente a cada movimiento.

La bioluminiscencia no es una simple invención cinematográfica.

Es una adaptación muy extendida entre los organismos del océano abierto.

Se produce cuando la energía química se convierte en luz visible. En muchos organismos participa una molécula luminosa llamada luciferina, que reacciona con oxígeno. Enzimas como la luciferasa pueden controlar la reacción.

Los animales marinos utilizan esta luz con objetivos muy distintos.

Algunos la emplean para atraer presas.

Otros buscan pareja o se comunican con miembros de su propia especie.

Ciertos animales producen un destello repentino para asustar a un atacante. Otros liberan una nube luminosa que confunde al depredador o atrae a un animal aún mayor que podría atacarlo.

Una de las estrategias más sofisticadas es la contrailuminación.

Incluso en aguas oscuras, puede quedar una pequeña cantidad de luz procedente de la superficie. Visto desde abajo, un pez o un calamar podría aparecer como una silueta negra.

Algunas especies tienen órganos luminosos en la parte inferior del cuerpo. Al ajustar su brillo para que coincida con la luz que llega desde arriba, reducen su propia sombra.

Se trata de una forma de camuflaje activo.

Los animales de Pandora brillan con mayor intensidad y durante más tiempo que la mayoría de los organismos terrestres.

En el océano real, permanecer iluminado constantemente supondría un gasto energético y podría revelar la posición del animal. Por eso, muchas especies profundas producen luz únicamente durante momentos concretos.

Aun así, el océano de Pandora tiene un equivalente real especialmente hermoso.

En determinadas costas, los dinoflagelados bioluminiscentes emiten destellos azules cuando las olas, las embarcaciones o los nadadores alteran el agua.

El movimiento provoca una reacción química en las células y el mar parece encenderse durante unos segundos.

Pandora amplía este fenómeno a todo un ecosistema formado por peces, organismos parecidos a corales, medusas y plantas.


Los sifonóforos y el problema de definir un solo animal

Algunas criaturas marinas de Pandora parecen formadas por muchas partes repetidas.

Poseen segmentos luminosos, tentáculos, órganos de alimentación y estructuras especializadas conectadas en un único cuerpo.

Este diseño recuerda a los sifonóforos terrestres.

Un sifonóforo puede parecer una medusa extremadamente larga, pero en realidad es una colonia formada por numerosos individuos especializados llamados zooides.

Algunos zooides capturan las presas.

Otros digieren los alimentos.

También existen zooides encargados del movimiento, la reproducción y la defensa.

La mayoría no podría sobrevivir por separado. Sin embargo, cuando trabajan juntos, funcionan como los órganos de un solo animal.

La carabela portuguesa es uno de los sifonóforos más conocidos, aunque las especies de aguas profundas pueden ser mucho más largas y delicadas.

Algunas extienden enormes cortinas de tentáculos urticantes. Otras poseen estructuras luminosas que podrían servir para atraer a pequeños peces.

Los sifonóforos plantean una pregunta complicada: ¿dónde comienza y termina un individuo?

Un coral parece una sola estructura, pero está formado por muchos pólipos.

Un sifonóforo parece un animal, pero reúne individuos con funciones diferentes.

Incluso los seres humanos dependemos de comunidades de microorganismos que participan en la digestión, el desarrollo y el sistema inmunitario.

Al principio, la idea de que toda la vida de Pandora esté conectada mediante una red planetaria puede parecer excesivamente mística.

Sin embargo, cuanto más estudiamos la vida terrestre, más difícil resulta describir a un organismo como una entidad completamente independiente.

Pandora convierte esas relaciones invisibles en una conexión que puede verse y tocarse.


Por qué la transparencia y los ojos grandes son útiles en aguas profundas

Muchas criaturas pequeñas de Pandora tienen cuerpos transparentes o translúcidos.

Esta característica también aparece con frecuencia entre los organismos de las aguas medias y profundas de la Tierra.

En el océano abierto no siempre existen rocas, plantas o grietas donde esconderse.

Un cuerpo con colores sólidos puede producir una silueta visible incluso con poca luz. En cambio, los tejidos transparentes permiten que la luz atraviese el cuerpo, reduciendo su contraste con el entorno.

Medusas, crustáceos, larvas y pequeños peces utilizan esta estrategia.

Los ojos también pueden transformarse de maneras sorprendentes.

El pez de cabeza transparente, conocido como barreleye, posee una cubierta transparente y ojos tubulares protegidos dentro de la cabeza.

Estos ojos son muy sensibles a la luz que llega desde arriba y ayudan al animal a localizar las siluetas de posibles presas.

El calamar fresa tiene ojos de tamaños diferentes.

El ojo más grande observa hacia arriba, donde todavía puede quedar una pequeña cantidad de luz. El ojo más pequeño parece más adecuado para detectar destellos bioluminiscentes en las zonas inferiores.

Los colores intensos de Pandora plantean, sin embargo, una dificultad científica.

Las longitudes de onda rojas y naranjas son absorbidas rápidamente por el agua. En las profundidades, un animal rojo puede parecer negro porque no existe luz roja que pueda reflejarse en su cuerpo.

Para que los colores brillantes de Pandora fueran visibles, el entorno necesitaría una bioluminiscencia muy potente o los animales deberían percibir longitudes de onda que los humanos no podemos ver.

No sería una idea completamente extraña.

En la Tierra existen especies capaces de percibir luz ultravioleta, luz polarizada, radiación infrarroja o campos eléctricos.

Un animal extraterrestre podría experimentar un mundo visual muy diferente del nuestro.


¿Podría existir la conexión neuronal de los na’vi?

Los na’vi poseen una estructura neuronal llamada kuru, que conectan con animales y plantas para establecer el tsaheylu, un vínculo físico y sensorial.

Gracias a esta conexión, pueden compartir información relacionada con el movimiento y las sensaciones.

En la Tierra no se conoce ningún sistema natural que permita conectar directamente los sistemas nerviosos de dos grandes animales de esta manera.

Sin embargo, los organismos intercambian información continuamente mediante señales eléctricas, químicas, sonoras y mecánicas.

Los peces utilizan la línea lateral para detectar corrientes, vibraciones y movimientos en el agua.

Los tiburones cuentan con las ampollas de Lorenzini, órganos capaces de percibir los débiles campos eléctricos producidos por otros animales.

Los corales, las bacterias y otros microorganismos también intercambian señales químicas.

La tecnología humana está comenzando a acercarse a algunos elementos de esta idea.

Las interfaces cerebro-computadora pueden transformar la actividad neuronal en órdenes para controlar una prótesis o un dispositivo digital.

Los ingenieros diseñan sensores submarinos inspirados en la línea lateral de los peces. También desarrollan superficies basadas en la piel de los tiburones para reducir la resistencia o limitar la acumulación de microorganismos.

Este tipo de innovación se conoce como biomimética o ingeniería bioinspirada.

La conexión directa entre un na’vi y una criatura marina sigue perteneciendo a la ciencia ficción.

Pero la idea de leer señales biológicas y convertirlas en movimientos reales ya forma parte de la investigación tecnológica contemporánea.


¿Hasta qué punto son científicas las criaturas marinas de Avatar?

Las criaturas de Avatar no son realistas en el sentido de que pudieran aparecer sin cambios en un libro de zoología terrestre.

Son organismos compuestos.

El tulkun combina la inteligencia de las ballenas, una memoria social extraordinaria y una cultura similar a la humana.

El ilu mezcla rasgos de delfines, peces y reptiles marinos.

El skimwing reúne el movimiento de una mantarraya, el planeo de un pez volador y un sistema respiratorio anfibio.

El akula combina la depredación de los tiburones con una armadura y unas mandíbulas exageradas.

Lo que los hace creíbles no es la exactitud anatómica.

Es la lógica funcional.

Los animales que nadan a gran velocidad suelen desarrollar cuerpos hidrodinámicos.

Los seres que viven en la oscuridad necesitan alternativas a la visión convencional.

Los depredadores de ambientes pobres en alimento deben ahorrar energía.

Los organismos que no disponen de escondites pueden recurrir a la transparencia, el camuflaje o la luz.

Estos principios podrían ser importantes en cualquier océano, incluso en otro mundo.

Los elementos menos realistas —la conexión neuronal instantánea, la respiración doble de grandes animales planeadores, la amrita o la poesía de los tulkun— superan ampliamente los conocimientos científicos actuales.

Sin embargo, una buena obra de ciencia ficción no necesita copiar la realidad de forma exacta.

Puede comenzar con principios reales y plantear una pregunta más ambiciosa: si el ambiente y la historia evolutiva fueran diferentes, ¿hasta dónde podría transformarse la vida?


El océano de Avatar resulta convincente porque muchas de sus criaturas están diseñadas a partir de estrategias de supervivencia que ya existen entre los animales marinos de la Tierra. Sin embargo, nuestro conocimiento de las profundidades oceánicas sigue siendo muy limitado.

A miles de metros bajo la superficie, donde no llega la luz solar, los vehículos operados a distancia, los sumergibles tripulados, las cámaras abisales y los sistemas de sonar deben sustituir a los ojos humanos. Estas expediciones descubren nuevos organismos, ecosistemas alrededor de fuentes hidrotermales y recursos submarinos como los nódulos de manganeso y los depósitos de tierras raras.

Después de analizar la ciencia detrás de las criaturas marinas de Pandora, “Exploración de las profundidades marinas: ecosistemas desconocidos y recursos ocultos del océano”, permite comprender por qué el mar terrestre sigue siendo uno de los mundos más desconocidos de nuestro propio planeta.


La reflexión de Kori

Después de ver Avatar: El sentido del agua, es fácil sentir que el océano de Pandora sería uno de los lugares más extraordinarios que podríamos visitar.

Sin embargo, las profundidades de la Tierra ya constituyen un mundo desconocido para la mayoría de nosotros.

En nuestro propio planeta existen peces con cabezas transparentes, depredadores que utilizan luces como anzuelos, calamares con ojos asimétricos y animales que parecen individuos, aunque en realidad sean colonias.

La poesía de los tulkun y la red neuronal planetaria pertenecen a la ciencia ficción.

La cultura de las ballenas, la simbiosis de los corales, la bioluminiscencia, la contrailuminación y las colonias de sifonóforos son reales.

Quizá la pregunta más importante de Avatar no sea si podrían existir animales extraterrestres de este tipo.

La verdadera pregunta es qué ocurre cuando los seres humanos encuentran un ecosistema complejo y solo ven materias primas, beneficios económicos y sustancias útiles.

Si creemos que Pandora merece ser protegida, los océanos de la Tierra deberían parecernos todavía más urgentes.


Criaturas marinas de Avatar Preguntas frecuentes

1. ¿Las criaturas marinas de Avatar están basadas en animales reales?

Sí. Las criaturas marinas de Avatar combinan características de varios animales reales. Los tulkun recuerdan a las ballenas por su tamaño, comunicación y vida social. Los ilu tienen cuerpos hidrodinámicos parecidos a los de los delfines y los antiguos reptiles marinos, mientras que los skimwing combinan rasgos de peces voladores y mantarrayas. Son especies ficticias compuestas, no copias directas.

2. ¿Los animales de las profundidades producen luz como las criaturas de Avatar?

Sí. Muchos organismos marinos utilizan la bioluminiscencia para cazar, comunicarse, encontrar pareja, defenderse o camuflarse. Algunos peces y calamares emplean contrailuminación para borrar su silueta, mientras que ciertos dinoflagelados costeros producen destellos azules cuando el agua se mueve.

3. ¿Las ballenas tienen cultura y lenguaje como los tulkun?

No se ha demostrado que las ballenas tengan un lenguaje, una filosofía o una literatura comparables a los humanos. Sin embargo, las ballenas jorobadas comparten cantos que cambian con el tiempo, y las comunidades de orcas transmiten vocalizaciones y técnicas de caza. Estas tradiciones aprendidas socialmente se consideran formas de cultura animal.


Criaturas marinas de Avatar Fuentes y referencias


Criaturas marinas de Avatar Las criaturas marinas de Pandora combinan la vida social de las ballenas, el cuerpo hidrodinámico de los delfines, el planeo de los peces voladores y la bioluminiscencia de los animales abisales.
Criaturas marinas de Avatar Las criaturas marinas de Pandora combinan la vida social de las ballenas, el cuerpo hidrodinámico de los delfines, el planeo de los peces voladores y la bioluminiscencia de los animales abisales.

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