Cuándo repasar para recordar más
Ayer parecía que lo tenía claro.
Había leído el tema, entendido los conceptos e incluso podía repetir varias ideas sin mirar los apuntes. Pero al día siguiente, al intentar explicarlo otra vez, parte de la información parecía haber desaparecido.
Entonces vuelvo a leer.
En cuanto veo las frases, todo me resulta familiar y pienso: “Sí, esto ya me lo sabía”.
Sin embargo, unos días después vuelve a ocurrir lo mismo.
Esta experiencia es muy común entre estudiantes universitarios, personas que preparan oposiciones, exámenes de acceso, certificaciones profesionales o simplemente quienes intentan aprender un idioma.
Y no significa necesariamente que tengamos mala memoria.
Muchas veces, el problema no está en cuánto estudiamos, sino en cuándo repasamos.
La memoria humana no funciona como un disco duro que guarda permanentemente todo lo que entra una sola vez.
El cerebro selecciona, reorganiza y fortalece determinadas conexiones cuando una información vuelve a utilizarse.
Por eso, para recordar durante más tiempo, no basta con repetir muchas veces.
También importa el momento en que volvemos a buscar esa información en la memoria.
Aquí entran cuatro conceptos fundamentales de la psicología cognitiva y la neurociencia:
la curva del olvido,
el efecto del espaciado,
la práctica de recuperación,
y la consolidación de la memoria.
Por qué el momento del repaso importa tanto
Existe una idea muy extendida:
“Cuantas más horas estudie, más recordaré”.
En parte es verdad.
Pero no todas las horas de estudio producen el mismo resultado.
Imaginemos a dos estudiantes que necesitan dedicar cinco horas a un tema.
El primero estudia las cinco horas seguidas el sábado.
Lee, subraya, repite y vuelve a leer el mismo contenido varias veces.
El segundo estudia dos horas el sábado, hace un pequeño repaso el domingo, vuelve a comprobar lo aprendido tres días después y realiza otro repaso durante el siguiente fin de semana.
El tiempo total puede ser parecido.
Pero el segundo estudiante ha repartido el aprendizaje a lo largo de varios días.
A este fenómeno se le conoce como efecto del espaciado, o Spacing Effect.
La idea es sencilla:
la información suele mantenerse mejor cuando las sesiones de estudio están separadas en el tiempo que cuando se concentran todas en una sola sesión.
Por eso, la pregunta no debería ser solamente:
“¿Cuántas veces he estudiado esto?”
También deberíamos preguntarnos:
“¿Cuánto tiempo ha pasado desde la última vez que intenté recordarlo?”
La curva del olvido de Ebbinghaus
Uno de los nombres más importantes cuando se habla de memoria es Hermann Ebbinghaus.
Este psicólogo alemán estudió a finales del siglo XIX cómo disminuía el recuerdo con el paso del tiempo.
Para ello utilizó principalmente sílabas sin significado, precisamente para reducir la influencia de conocimientos previos.
Después de aprenderlas, comprobaba cuánto podía recordar tras diferentes intervalos.
Sus experimentos mostraron un patrón interesante.
Después del aprendizaje inicial, el acceso a la información puede deteriorarse con bastante rapidez.
Más adelante, el ritmo del olvido tiende a hacerse más lento.
De ahí nació lo que hoy conocemos como curva del olvido.
Sin embargo, este concepto suele simplificarse demasiado.
En internet aparecen con frecuencia afirmaciones como:
“Después de un día olvidamos el 70 %”.
O:
“Después de una hora ya hemos perdido la mitad”.
No conviene tomar esas cifras como reglas universales.
La velocidad con la que olvidamos depende de muchos factores:
el significado de la información,
los conocimientos previos,
el nivel de atención,
la calidad del sueño,
la dificultad del material,
las veces que lo hemos recuperado,
y el contexto en el que lo aprendimos.
La verdadera lección de la curva del olvido no es memorizar porcentajes.
Es comprender que:
el acceso a los recuerdos tiende a debilitarse con el tiempo, pero recuperarlos de forma periódica puede reforzarlos.
Por qué repasar cuando empezamos a olvidar puede funcionar mejor
Aquí aparece una idea que parece contradictoria.
Repasar demasiado pronto no siempre es lo más eficaz.
Si acabamos de estudiar un tema y volvemos a leerlo cinco minutos después, probablemente nos parecerá muy fácil.
Todo sigue fresco.
Las frases son familiares.
Los conceptos todavía están activos en la memoria de trabajo o en rastros recientes de memoria.
En ese momento podemos creer que hemos aprendido perfectamente.
Pero quizá no estemos recuperando la información de verdad.
Simplemente sigue ahí.
Ahora imaginemos que pasan uno o dos días.
El recuerdo ya no es tan claro.
Intentamos responder una pregunta y tenemos que pensar.
“¿Cuál era el tercer paso?”
“Sé que había cuatro causas, pero me falta una”.
“¿Cómo empezaba exactamente esta explicación?”
Ese esfuerzo mental es importante.
Cuando intentamos recuperar una información sin mirar directamente la respuesta, estamos haciendo práctica de recuperación, o Retrieval Practice.
La práctica de recuperación obliga al cerebro a reconstruir la información.
Ese proceso puede facilitar que podamos recuperarla mejor en el futuro.
Leer otra vez no es lo mismo que recordar
Uno de los errores más habituales al estudiar es confundir familiaridad con dominio.
Supongamos que leemos tres veces el mismo capítulo.
En la tercera lectura, todo resulta muy fácil.
Reconocemos las frases.
Sabemos qué viene a continuación.
Comprendemos las explicaciones casi sin esfuerzo.
Entonces aparece una sensación muy convincente:
“Ya me lo sé”.
Pero esa sensación puede ser engañosa.
En psicología del aprendizaje se habla a menudo de una ilusión de fluidez.
Cuando procesar una información resulta fácil, tendemos a sobreestimar lo bien que la hemos aprendido.
La prueba real llega cuando cerramos el libro.
¿Podemos explicar el concepto sin mirar?
¿Podemos responder una pregunta?
¿Podemos escribir los puntos principales en una hoja en blanco?
Ahí se nota la diferencia entre reconocer y recordar.
| Método de repaso | Sensación durante el estudio | Utilidad para memoria a largo plazo |
|---|---|---|
| Releer inmediatamente | Muy fácil | Limitada si se usa sola |
| Releer tras un intervalo | Algo más exigente | Útil |
| Recordar con el libro cerrado | Difícil | Alta |
| Resolver preguntas | Requiere recuperación y aplicación | Muy alta |
| Explicarlo con nuestras palabras | Obliga a reorganizar la información | Muy alta |
El objetivo debería pasar de:
“Esto me resulta familiar”
a:
“Puedo explicarlo sin mirar”.
Qué ocurre en el cerebro cuando un recuerdo se fortalece
La memoria no se almacena como un archivo guardado en una carpeta concreta del cerebro.
Cuando aprendemos algo nuevo, se activan redes de neuronas.
Con la repetición, la recuperación y la práctica, la comunicación entre algunas de esas neuronas puede modificarse.
A esta capacidad del cerebro para cambiar con la experiencia se la conoce como neuroplasticidad.
Un fenómeno muy relacionado con el aprendizaje es la potenciación a largo plazo, o Long-Term Potentiation, LTP.
De forma simplificada, determinadas conexiones neuronales pueden aumentar su eficacia cuando se activan repetidamente.
El hipocampo también desempeña un papel fundamental.
Esta estructura cerebral participa de manera importante en la formación y organización de muchos recuerdos declarativos nuevos.
Pero los recuerdos no quedan completamente estabilizados en el mismo momento en que aprendemos algo.
Con el tiempo, diferentes regiones del cerebro participan en la reorganización y estabilización de esa información.
Este proceso se conoce como consolidación de la memoria.
Por eso estudiar no termina exactamente cuando cerramos el libro.
El tiempo importa.
El sueño importa.
Y volver a recuperar la información después también importa.
La reflexión de Kori a mitad del camino
Cuanto más observo cómo estudiamos, menos importante me parece contar cuántas veces hemos leído una página.
Podemos leer lo mismo diez veces y seguir sin ser capaces de explicarlo con nuestras propias palabras.
En cambio, un concepto que hemos intentado recuperar tres o cuatro veces, incluso con dificultad, puede quedarse en la memoria durante mucho más tiempo.
Por eso creo que repasar no consiste simplemente en volver a ver la información.
Consiste en enseñar al cerebro a encontrarla de nuevo cuando ya no está delante de nuestros ojos.
¿Cuál es el mejor momento para repasar?
No existe un horario perfecto que funcione igual para todas las personas.
Tampoco todos los contenidos se recuerdan de la misma manera.
Aprender vocabulario en inglés no es igual que estudiar anatomía.
Memorizar fechas históricas no es lo mismo que resolver problemas de matemáticas.
Además, el tiempo durante el cual necesitamos recordar algo también influye.
No es igual estudiar para un examen que será mañana que preparar una oposición dentro de seis meses.
Aun así, podemos utilizar una estructura inicial como referencia.
| Etapa | Ejemplo de momento | Objetivo |
|---|---|---|
| Aprendizaje inicial | Día 0 | Comprender |
| Primer repaso | Mismo día o día siguiente | Reducir el olvido inicial |
| Segundo repaso | 2–3 días después | Reactivar la memoria |
| Tercer repaso | Aproximadamente 1 semana | Fortalecer el recuerdo |
| Cuarto repaso | 2–3 semanas después | Mantener la información |
| Repasos posteriores | 1 mes o más | Comprobar memoria duradera |
Lo importante no es seguir estas fechas de manera rígida.
Existe una regla todavía más útil:
si recordamos fácilmente, aumentamos el intervalo; si nos cuesta mucho, lo reducimos.
Este principio es la base de la repetición espaciada, o Spaced Repetition.
Por qué la repetición espaciada ahorra tiempo
Supongamos que estamos preparando una oposición o un examen universitario y tenemos que aprender 200 conceptos.
Hay 120 que recordamos sin problemas.
Otros 50 requieren un poco de esfuerzo.
Y existen 30 que olvidamos continuamente.
No tendría mucho sentido repasar los 200 con la misma frecuencia.
Los conceptos fáciles pueden esperar más tiempo.
Los difíciles deberían aparecer antes.
Así utilizamos más tiempo precisamente donde hace falta.
Pensemos, por ejemplo, en el término “mitocondria”.
Lo aprendemos hoy.
Mañana lo recordamos fácilmente.
Entonces esperamos tres días.
Tres días después volvemos a recordarlo.
La siguiente revisión puede ser una semana más tarde.
Si después de una semana ya no lo recordamos, volvemos a acortar el intervalo.
Este sistema adapta el repaso al estado real de nuestra memoria.
Consejo en una línea: antes de mirar la respuesta, espere entre 5 y 10 segundos e intente recuperarla de verdad. Ese pequeño esfuerzo también forma parte del aprendizaje.
Caso práctico: un examen dentro de cuatro semanas
Imaginemos que un estudiante tiene un examen de biología dentro de cuatro semanas.
Durante la primera semana estudia la respiración celular.
En lugar de leer el capítulo tres veces seguidas, cierra el libro y se hace preguntas.
“¿Dónde ocurre la glucólisis?”
“¿Para qué sirve el ciclo del ácido cítrico?”
“¿Cómo participa la cadena de transporte de electrones en la producción de ATP?”
Aquello que no puede responder vuelve a revisarlo.
Al día siguiente intenta responder las mismas preguntas sin apuntes.
Tres días después utiliza ejercicios.
Una semana más tarde dibuja en una hoja en blanco todo el proceso de la respiración celular.
Dos semanas después compara la respiración celular con la fotosíntesis.
Durante los últimos días antes del examen ya no necesita leer todo el capítulo desde el principio.
Puede centrarse en los errores y en los conceptos que todavía cuesta recuperar.
En este ejemplo se están combinando varias técnicas:
espaciado, práctica de recuperación, elaboración e intercalado de contenidos.
No se trata simplemente de estudiar más.
Se trata de crear repetidamente situaciones en las que el cerebro necesita reconstruir lo aprendido.
Dormir también forma parte del estudio
Cuando se acerca un examen es habitual pensar:
“Si duermo menos, tengo más horas para estudiar”.
Pero desde el punto de vista de la memoria, no siempre es una buena estrategia.
El sueño participa en procesos importantes relacionados con la consolidación de recuerdos.
Durante el descanso, el cerebro continúa reorganizando parte de la información aprendida.
Una mala noche puntual no significa que olvidemos automáticamente todo.
Pero una falta de sueño repetida puede perjudicar la atención, el aprendizaje y el rendimiento de la memoria.
Estudiar hasta las tres de la madrugada leyendo una y otra vez el mismo tema puede parecer productivo porque estamos dedicando muchas horas.
Sin embargo, cantidad de tiempo y calidad del aprendizaje no son exactamente lo mismo.
En muchos casos puede ser más inteligente:
estudiar antes,
hacerse preguntas,
dormir suficientemente,
y volver a recuperar la información al día siguiente.
El sueño no es simplemente tiempo en el que dejamos de estudiar.
También forma parte del proceso de aprendizaje.
Errores frecuentes al repasar
Uno de los errores más comunes es empezar siempre desde la primera página.
Si ya dominamos una parte del contenido, volver a leerla completa consume tiempo que podríamos dedicar a los puntos débiles.
Otro error es considerar que subrayar equivale a aprender.
El subrayado puede servir para localizar ideas importantes.
Pero haber marcado una frase no garantiza que podamos recordarla durante el examen.
También podemos repasar demasiado pronto.
Si estudiamos algo y volvemos a mirarlo diez minutos después, probablemente parecerá muy fácil.
Eso genera confianza, pero no necesariamente demuestra que podamos recordarlo una semana más tarde.
El error opuesto consiste en esperar demasiado.
Si dejamos pasar tanto tiempo que no recordamos prácticamente nada, el repaso empieza a parecerse a aprender desde cero.
Una situación especialmente útil suele encontrarse en un punto intermedio:
hemos olvidado algo, pero todavía podemos recuperarlo con cierto esfuerzo.
Por qué un poco de dificultad puede mejorar la memoria
Existe un concepto muy interesante en la ciencia del aprendizaje llamado dificultades deseables, o Desirable Difficulties.
Está especialmente relacionado con los trabajos de Robert Bjork y Elizabeth Bjork.
La idea parece extraña al principio.
Una forma de estudiar que se siente fácil no siempre produce mejores resultados a largo plazo.
A veces, introducir una dificultad moderada puede mejorar el aprendizaje.
Esperar antes de repasar crea dificultad.
Intentar responder sin mirar crea dificultad.
Mezclar distintos tipos de problemas crea dificultad.
Cerrar el libro y explicar un tema también crea dificultad.
Pero esas dificultades pueden obligar al cerebro a reconstruir la información.
Eso puede favorecer un aprendizaje más duradero.
La palabra importante es “deseable”.
Si la tarea es tan difícil que no entendemos absolutamente nada, esa dificultad puede dejar de ser útil.
La situación ideal suele ser:
algo que cuesta, pero que todavía podemos recuperar con esfuerzo.
Cómo mejorar cualquier sesión de repaso
Podemos simplificar el proceso en seis pasos.
Aprender → esperar → recuperar → comprobar → corregir → recuperar otra vez
Primero entendemos el contenido.
Después dejamos pasar un intervalo.
Antes de mirar los apuntes intentamos recordar.
A continuación comprobamos la respuesta.
Corregimos los errores.
Y finalmente volvemos a intentar explicar la información sin mirar.
Las tarjetas de memoria pueden ser muy útiles si realmente intentamos responder antes de girarlas.
Los exámenes de práctica funcionan bien porque obligan a recuperar información en condiciones parecidas a las de un examen real.
Otra técnica sencilla es la hoja en blanco.
Cerramos todos los materiales y escribimos todo lo que recordamos sobre un tema.
Después comparamos.
También podemos imaginar que tenemos que explicárselo a otra persona.
Ese ejercicio revela inmediatamente qué partes comprendemos y cuáles solo reconocemos.
La pregunta final debería cambiar.
En lugar de:
“¿He visto esto muchas veces?”
conviene preguntar:
“¿Puedo explicarlo sin ayuda?”
No hace falta obsesionarse con un intervalo perfecto
El momento del repaso importa.
Pero eso no significa que exista una hora exacta y universal.
Si queríamos repasar algo 24 horas después y finalmente lo hacemos a las 27 horas, no hemos destruido el aprendizaje.
La repetición espaciada no funciona como un reloj de precisión.
De hecho, construir sistemas demasiado complicados puede convertirse en otro problema.
Pasamos más tiempo organizando los repasos que estudiando.
Un sistema sencillo puede ser suficiente.
Lo importante aprendido hoy, lo revisamos mañana.
Lo importante aprendido esta semana, lo volvemos a comprobar durante el fin de semana.
Los conceptos fundamentales del mes se revisan de nuevo más adelante.
Y cada vez que volvemos, intentamos recordar antes de leer.
La constancia suele ser más útil que perseguir un calendario perfecto.
Elegir bien el momento del repaso es una parte importante para mejorar la memoria, pero el intervalo entre repasos no explica por sí solo por qué algunos conocimientos permanecen durante meses y otros desaparecen rápidamente.
La memoria a largo plazo depende de varios procesos relacionados: la atención durante el aprendizaje inicial, la formación de recuerdos en la que participa el hipocampo, la consolidación durante el sueño, la práctica de recuperación y el fortalecimiento progresivo de las conexiones que permiten volver a acceder a la información.
Por eso, comprender 「Cómo mejorar la memoria|Neurociencia para aprender mejor y recordar durante más tiempo」 ayuda a situar el repaso dentro de un proceso mucho más amplio. Mejorar la memoria no consiste simplemente en memorizar más, sino en crear las condiciones adecuadas para que el cerebro codifique la información, la organice, la fortalezca y pueda recuperarla cuando vuelva a ser necesaria.
El pensamiento de Kori
Para mí, repasar no consiste en repetir exactamente la misma sesión de estudio.
Me parece más útil imaginarlo como practicar el camino que conduce a un recuerdo.
La primera vez aprendemos algo.
Después pasa el tiempo.
El camino empieza a borrarse un poco.
Intentamos volver a encontrarlo.
Más adelante repetimos el recorrido.
Y poco a poco se vuelve más fácil.
Una información que al principio costaba mucho recuperar puede terminar apareciendo casi automáticamente.
Por eso, alguien que recuerda durante mucho tiempo no tiene necesariamente una memoria extraordinaria.
Tal vez simplemente haya vuelto varias veces a la información importante en momentos adecuados.
Así que, además de preguntar:
“¿Cuántas horas he estudiado hoy?”
también vale la pena preguntarse:
“¿Qué he conseguido recuperar hoy sin mirar?”
Esa pregunta se acerca mucho más a la forma en que construimos recuerdos duraderos.
Cuándo repasar para recordar más Referencias
- Hermann Ebbinghaus, Memory: A Contribution to Experimental Psychology
- Cepeda NJ et al., Distributed Practice in Verbal Recall Tasks: A Review and Quantitative Synthesis
- Roediger HL, Karpicke JD, Test-Enhanced Learning: Taking Memory Tests Improves Long-Term Retention
- Karpicke JD, Roediger HL, Repeated Retrieval During Learning Is the Key to Long-Term Retention
- Dunlosky J et al., Improving Students’ Learning With Effective Learning Techniques
- Robert A. Bjork y Elizabeth L. Bjork, trabajos sobre Desirable Difficulties
- National Institute of Neurological Disorders and Stroke, materiales sobre memoria y funcionamiento cerebral
Cuándo repasar para recordar más Preguntas frecuentes
1. ¿Tengo que repasar siempre al día siguiente?
No necesariamente.
No existe una regla universal de exactamente 24 horas.
Sin embargo, realizar un primer repaso relativamente pronto y después aumentar gradualmente los intervalos puede ser una estrategia práctica.
El mejor momento depende de la dificultad del contenido y de lo fácil que resulte recuperarlo.
2. ¿Releer no sirve para estudiar?
Sí puede servir.
Releer ayuda a aclarar ideas difíciles, revisar errores y recuperar contexto.
El problema aparece cuando utilizamos únicamente la relectura.
Combinarla con preguntas, tarjetas, exámenes de práctica o explicaciones sin apuntes permite comprobar mejor si realmente hemos aprendido el contenido.
3. ¿Es demasiado tarde si ya he olvidado completamente algo?
No.
La información olvidada puede volver a aprenderse.
Además, algo que ya estudiamos anteriormente puede resultar más fácil de reaprender que un contenido totalmente nuevo.
Sin embargo, si siempre esperamos hasta olvidar casi todo, el proceso se vuelve menos eficiente.
Suele ser mejor repasar cuando el recuerdo todavía existe, aunque recuperarlo requiera cierto esfuerzo.

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Hasta la próxima historia de ciencia — KoriScience, ciencia con sabiduría.