¿La memoria empeora con la edad?
Reconoce perfectamente la cara, sabe dónde la ha visto y hasta recuerda alguna conversación.
Pero el nombre no aparece.
Otro día entra en una habitación y, durante unos segundos, no recuerda para qué había ido allí. También puede pasar varios minutos buscando el móvil hasta descubrir que lo tenía en la mano o en el bolsillo.
Cuando esto ocurre a los 20 o 30 años solemos reírnos.
A partir de los 40, 50 o 60 años, en cambio, muchas personas empiezan a hacerse una pregunta bastante inquietante:
“¿Estoy perdiendo memoria por la edad?”
El envejecimiento sí puede producir cambios en determinadas funciones cognitivas, pero eso no significa que toda la memoria se deteriore de la misma manera ni que olvidar ocasionalmente algo sea el comienzo de una demencia.
Con la edad puede disminuir la velocidad de procesamiento, puede costar más manejar varias cosas a la vez y algunos recuerdos pueden tardar más en aparecer.
Al mismo tiempo, el vocabulario, los conocimientos acumulados durante décadas y muchas habilidades aprendidas pueden mantenerse durante mucho tiempo.
Además, el cerebro conserva una capacidad fundamental: la neuroplasticidad.
Gracias a ella puede adaptarse, reorganizar conexiones y continuar aprendiendo incluso en etapas avanzadas de la vida.
Para entender de verdad qué ocurre con la memoria al envejecer hay que mirar mucho más allá de la edad. El hipocampo, la corteza prefrontal, la memoria de trabajo, la calidad del sueño, la actividad física y la llamada reserva cognitiva forman parte del mismo rompecabezas.
¿La memoria realmente empeora con la edad?
La respuesta corta es que algunas funciones cognitivas pueden volverse menos eficientes.
Pero la memoria humana no es una única capacidad.
Existen varios sistemas de memoria que trabajan conjuntamente.
Recordar qué hizo ayer por la tarde pertenece principalmente a la memoria episódica.
Saber que Madrid es la capital de España forma parte de la memoria semántica.
Saber montar en bicicleta, conducir o utilizar una herramienta habitual depende en gran medida de la memoria procedimental.
Y mantener un número de teléfono durante unos segundos mientras lo escribe utiliza la memoria de trabajo.
Cada uno de estos sistemas envejece de manera diferente.
| Función cognitiva | Cambio habitual con la edad |
|---|---|
| Velocidad de procesamiento | Puede disminuir gradualmente |
| Memoria de trabajo | Puede costar más manejar varias informaciones a la vez |
| Memoria episódica | Los acontecimientos recientes pueden requerir más esfuerzo |
| Recuperación de nombres | Los momentos de “lo tengo en la punta de la lengua” pueden aumentar |
| Memoria semántica | Suele conservarse relativamente bien |
| Vocabulario y conocimientos | Pueden mantenerse durante muchos años |
| Memoria procedimental | Suele ser bastante resistente al envejecimiento |
Por eso, tardar más en recordar el nombre de una persona no significa necesariamente que ese recuerdo haya desaparecido.
En ocasiones, simplemente hace falta más tiempo para acceder a él.
La velocidad de procesamiento puede hacernos sentir que tenemos peor memoria
Uno de los cambios más habituales del envejecimiento cognitivo afecta a la velocidad de procesamiento.
La velocidad de procesamiento describe la rapidez con la que el cerebro recibe información, la compara con lo que ya sabe y produce una respuesta.
Imagine que ve en televisión a un actor muy conocido.
Reconoce su cara.
Recuerda varias películas en las que apareció.
Sabe aproximadamente en qué época se hizo famoso.
Pero no consigue recordar el nombre.
Diez minutos después, mientras está haciendo otra cosa, el nombre aparece de repente.
En ese caso el recuerdo no estaba necesariamente perdido.
La información seguía almacenada.
El problema estaba en la velocidad de recuperación.
Podríamos compararlo con buscar un archivo en un ordenador con miles de carpetas.
El documento sigue allí, pero el sistema tarda un poco más en encontrarlo.
Esta diferencia entre “haber perdido el recuerdo” y “tardar más en recuperarlo” es fundamental para comprender el envejecimiento normal.
La memoria de trabajo puede volverse más vulnerable
La memoria de trabajo es una especie de mesa temporal que utiliza el cerebro.
Allí mantenemos información durante unos segundos mientras hacemos algo con ella.
La utilizamos cuando calculamos mentalmente una cantidad.
También cuando escuchamos una dirección y tratamos de recordarla mientras la escribimos.
O cuando cocinamos varios platos y tenemos que recordar qué debemos hacer a continuación.
Con la edad, esta función puede hacerse menos eficiente.
Especialmente cuando hay muchas distracciones.
Una persona que antes podía ver la televisión, responder mensajes y mantener una conversación al mismo tiempo puede descubrir que ahora funciona mejor haciendo una sola cosa cada vez.
Eso puede parecer una pérdida general de memoria.
Sin embargo, parte del problema puede estar en la dificultad para manejar simultáneamente varias fuentes de información.
Por qué el hipocampo es tan importante para la memoria
Cuando hablamos de memoria, una de las estructuras cerebrales más importantes es el hipocampo.
Se encuentra en una zona profunda del cerebro y participa de forma esencial en la formación de nuevos recuerdos.
Recordar dónde dejó el coche.
Recordar quién estuvo en una comida familiar.
Recordar algo que aprendió ayer.
Todas estas experiencias dependen, en parte, de circuitos relacionados con el hipocampo.
El envejecimiento puede producir cambios en su estructura y funcionamiento.
Sin embargo, hoy sabemos que explicar el deterioro de la memoria diciendo simplemente que “mueren neuronas con la edad” es demasiado básico.
El cerebro funciona como una red.
Importan las neuronas, pero también la calidad de las conexiones entre ellas.
Influyen los neurotransmisores, la circulación cerebral, el metabolismo y la eficiencia de las redes neuronales.
En otras palabras, no importa únicamente cuántas neuronas existen.
También importa cómo se comunican.
La corteza prefrontal también participa en la memoria
El hipocampo no trabaja solo.
La corteza prefrontal, situada en la parte frontal del cerebro, participa en la atención, la planificación, la toma de decisiones, la memoria de trabajo y otras funciones ejecutivas.
Para recordar algo, primero necesitamos prestarle atención.
Y aquí aparece uno de los grandes problemas de la vida moderna.
Imagine que llega a casa leyendo un mensaje, pensando en lo que va a cocinar y escuchando un podcast.
Mientras tanto deja las llaves en algún lugar.
Una hora después no sabe dónde están.
La conclusión automática puede ser:
“Cada vez tengo peor memoria.”
Pero quizás el verdadero problema ocurrió mucho antes.
Cuando dejó las llaves, su atención estaba dividida.
La ubicación apenas se registró.
En neurociencia, el proceso inicial mediante el cual la información entra en la memoria se denomina codificación.
Si la codificación es débil, después habrá poco que recuperar.
Recordar implica codificar, consolidar y recuperar
Podemos dividir la memoria en tres grandes etapas.
| Etapa | Qué ocurre | Ejemplo |
|---|---|---|
| Codificación | La información entra en el sistema de memoria | Escuchar el nombre de una persona |
| Consolidación | El recuerdo se estabiliza | El cerebro fortalece la información con el tiempo |
| Recuperación | El recuerdo vuelve a hacerse accesible | Recordar el nombre días después |
Cuando alguien dice “tengo mala memoria”, suele pensar que el cerebro no está almacenando información.
Pero muchas dificultades cotidianas empiezan antes.
Si estaba distraído durante una reunión, quizá la información nunca se codificó correctamente.
Si un nombre tarda unos minutos en aparecer pero finalmente lo recuerda, el problema puede estar más relacionado con la recuperación que con el almacenamiento.
Comprender esta diferencia ayuda a interpretar mejor los cambios de memoria asociados al envejecimiento.
Pensamiento intermedio de Kori
Decir que “la memoria empeora con la edad” es fácil, pero el cerebro es mucho más complejo.
Perder un recuerdo y necesitar más tiempo para encontrarlo son fenómenos diferentes.
Cuanto más se estudia la memoria, más evidente resulta la importancia de la atención.
Si una información nunca entra bien porque estamos distraídos, será difícil recuperarla después.
Por eso cuidar la memoria no consiste únicamente en hacer ejercicios de memorización. Dormir bien, moverse, concentrarse y seguir aprendiendo también forman parte del mismo proceso.
Consejo en una línea
Consejo: antes de pensar que su memoria está fallando, pregúntese si realmente prestó atención cuando recibió esa información.
La neuroplasticidad no desaparece con la edad
Uno de los conceptos más importantes en neurociencia es la neuroplasticidad.
La neuroplasticidad es la capacidad del cerebro para modificar sus conexiones y reorganizar sus redes en respuesta a la experiencia, el aprendizaje y los cambios del entorno.
Esta capacidad es especialmente intensa durante la infancia.
Pero no desaparece al llegar a la edad adulta.
Una persona mayor todavía puede aprender un idioma.
Puede aprender a utilizar un nuevo teléfono.
Puede desarrollar una afición.
Puede memorizar nuevos conocimientos.
Puede mejorar habilidades mediante la práctica.
Dentro de la neuroplasticidad también encontramos la plasticidad sináptica.
Las sinapsis son los puntos de comunicación entre las neuronas.
La fuerza de estas conexiones puede modificarse dependiendo de cómo se utilizan.
Uno de los fenómenos más estudiados en relación con el aprendizaje es la potenciación a largo plazo, conocida como LTP por sus siglas en inglés.
Con el envejecimiento algunos mecanismos de plasticidad pueden perder eficiencia.
Pero eso no significa que el cerebro deje de adaptarse.
El cerebro envejecido puede utilizar rutas alternativas
Otro concepto interesante es la compensación cerebral.
Algunos estudios de neuroimagen han observado que las personas mayores pueden utilizar redes cerebrales más amplias para resolver determinadas tareas cognitivas.
Esto se conoce como reclutamiento compensatorio.
Una teoría muy conocida es la Scaffolding Theory of Aging and Cognition, o teoría del andamiaje del envejecimiento cognitivo.
La idea puede explicarse de forma sencilla.
Imagine un edificio antiguo.
Si una zona empieza a perder estabilidad, puede añadirse una estructura de apoyo.
El edificio ya no funciona exactamente como cuando era nuevo, pero puede seguir funcionando correctamente.
El cerebro podría hacer algo parecido.
Cuando determinadas redes pierden eficiencia, otras regiones pueden participar para ayudar a mantener el rendimiento.
La reserva cognitiva puede explicar por qué no todos envejecemos igual
Dos personas de 70 años pueden tener capacidades cognitivas muy diferentes.
Una explicación posible está relacionada con la reserva cognitiva.
La reserva cognitiva describe la capacidad del cerebro para utilizar estrategias y redes alternativas cuando aparecen cambios relacionados con la edad o con determinadas enfermedades.
Factores como la educación, el trabajo, la lectura, la interacción social, los hobbies y el aprendizaje continuo se han estudiado en relación con esta reserva.
Podemos imaginarlo como una ciudad.
Una ciudad con una sola carretera principal tendrá grandes problemas si esa carretera queda bloqueada.
Otra ciudad con muchas calles y rutas alternativas tendrá más opciones.
Algo parecido puede ocurrir en el cerebro.
Una vida llena de experiencias diferentes puede proporcionar más estrategias para resolver problemas.
Esto no significa que leer libros o aprender idiomas garantice que nunca aparecerá demencia.
No existe una protección absoluta.
Pero mantener una vida mentalmente activa puede favorecer la capacidad del cerebro para enfrentarse a los cambios.
Un ejemplo cotidiano de envejecimiento normal de la memoria
Imaginemos a Carlos, de 64 años.
Últimamente nota que le cuesta recordar algunos nombres.
También necesita algo más de tiempo para aprender a utilizar una nueva aplicación bancaria.
A veces entra en una habitación y tarda unos segundos en recordar qué iba a buscar.
Empieza a preocuparse.
Sin embargo, Carlos sigue gestionando correctamente sus cuentas.
No se pierde cuando conduce.
Recuerda sus citas.
Organiza viajes.
Cocina.
Hace compras.
Y después de practicar varios días consigue utilizar la nueva aplicación sin problemas.
Este patrón podría encajar dentro de cambios cognitivos asociados al envejecimiento normal.
Ahora imaginemos otro escenario.
Una persona empieza a perderse repetidamente en calles que conoce desde hace años.
Hace la misma pregunta varias veces en poco tiempo.
Se olvida de pagar facturas que siempre había gestionado correctamente.
No recuerda cómo utilizar aparatos domésticos habituales.
Tiene dificultades para seguir una receta que conoce desde hace décadas.
En ese caso, la situación merece una evaluación médica.
Envejecimiento normal y demencia no son lo mismo
La demencia no es una consecuencia inevitable del envejecimiento.
Olvidar ocasionalmente algo puede formar parte de la vida normal.
El problema aparece cuando el deterioro cognitivo empieza a interferir con la autonomía.
| Posible envejecimiento normal | Cambio más preocupante |
|---|---|
| Olvidar un nombre y recordarlo más tarde | Olvidar repetidamente a personas cercanas |
| Perder ocasionalmente las llaves | Colocar objetos repetidamente en lugares extraños |
| Olvidar una cita puntual | Olvidar continuamente compromisos importantes |
| Tardar más en aprender una tecnología nueva | No recordar cómo usar dispositivos habituales |
| Confundir brevemente el día | Perder con frecuencia la orientación temporal |
| Tener una palabra en la punta de la lengua | Dificultad creciente para mantener una conversación |
La pregunta importante no es simplemente:
“¿Olvido cosas?”
Todos olvidamos cosas.
Una pregunta mucho más útil es:
“¿Estos cambios están afectando mi vida diaria?”
Si los problemas de memoria empiezan a interferir con la conducción, la economía doméstica, la medicación, la cocina o la comunicación, conviene consultar con un profesional sanitario.
El ejercicio también es una inversión para el cerebro
El ejercicio no sirve únicamente para cuidar los músculos.
La actividad física influye en la salud cardiovascular, la circulación sanguínea, el metabolismo y muchos sistemas relacionados con el funcionamiento cerebral.
En este campo se estudia con frecuencia una sustancia llamada BDNF, o factor neurotrófico derivado del cerebro.
El BDNF participa en procesos relacionados con la supervivencia neuronal, las sinapsis, el aprendizaje y la memoria.
Esto no significa que salir a caminar una vez mejore automáticamente la memoria.
La relación es mucho más compleja.
Pero mantener una actividad física regular ayuda a proteger la salud general y cardiovascular.
Y el cerebro también depende de una buena circulación.
Caminar de forma habitual puede ser una excelente manera de empezar.
No siempre hace falta un entrenamiento intenso.
La regularidad importa más que los esfuerzos extremos ocasionales.
Dormir mal puede parecer un problema de memoria relacionado con la edad
Cuando una persona de mediana edad empieza a olvidar cosas, suele pensar inmediatamente en el envejecimiento.
Pero el sueño merece la misma atención.
Los recuerdos no quedan completamente estabilizados en el momento de aprender algo.
Posteriormente pasan por un proceso llamado consolidación de la memoria.
El sueño participa de manera importante en ese proceso.
Dormir mal también afecta a la atención del día siguiente.
Y si prestamos menos atención, codificamos peor los recuerdos nuevos.
Además, la memoria de trabajo puede funcionar de forma menos eficiente.
En adultos de mediana y avanzada edad conviene prestar atención no solo al número de horas que se duerme, sino también a la calidad del sueño.
Ronquidos intensos, despertares frecuentes o somnolencia excesiva durante el día pueden justificar una consulta médica, ya que trastornos como la apnea del sueño pueden fragmentar el descanso.
A veces el problema no es simplemente la edad.
Es un cerebro cansado.
Aprender algo nuevo obliga al cerebro a adaptarse
El cerebro necesita retos.
Realizar actividades conocidas tiene beneficios, pero aprender algo nuevo exige un tipo diferente de adaptación.
Aprender otro idioma.
Empezar a tocar un instrumento.
Estudiar fotografía.
Utilizar un nuevo programa informático.
Viajar a un lugar desconocido.
Aprender una nueva receta compleja.
Todas estas actividades pueden combinar atención, memoria de trabajo, resolución de problemas y memoria a largo plazo.
No existe un único “juego cerebral” capaz de prevenir la demencia.
Ese tipo de afirmación va mucho más allá de lo que demuestra la evidencia.
Es más razonable mantener una vida mental variada.
Leer.
Aprender.
Conversar.
Resolver problemas.
Utilizar las manos.
Investigar temas nuevos.
Dar al cerebro razones para seguir adaptándose.
El cerebro mayor también tiene una ventaja: la experiencia
Cuando hablamos del envejecimiento cerebral solemos centrarnos únicamente en lo que se pierde.
Pero con la edad también se gana algo.
Experiencia.
Imagine a un mecánico de 25 años y otro de 60.
El más joven puede procesar determinada información con mayor rapidez.
Pero el profesional con 35 años de experiencia puede escuchar un ruido extraño en un motor y relacionarlo inmediatamente con decenas de averías que ya ha visto.
Ese tipo de capacidad depende de enormes redes de conocimientos acumulados.
La memoria semántica incluye hechos, conceptos, palabras y conocimientos generales.
Muchas partes de este sistema pueden mantenerse durante bastante tiempo.
Por eso una persona mayor puede tardar algo más en acceder a una información, pero disponer de una base de conocimientos mucho más amplia.
Un cerebro envejecido no es simplemente una versión deteriorada de un cerebro joven.
Tiene fortalezas diferentes.
Cuidar la memoria requiere mirar todo el organismo
No existe un único suplemento, alimento o ejercicio capaz de garantizar un cerebro sano.
La salud cognitiva depende de numerosos factores.
Entre ellos están la presión arterial, la glucosa, el colesterol, el ejercicio, el sueño, el tabaco, el alcohol, la audición, la visión, el estado de ánimo y la actividad social.
A partir de la mediana edad cobra especial importancia la salud cardiovascular.
El cerebro es un órgano que necesita un suministro continuo de sangre, oxígeno y nutrientes.
Algunas medidas prácticas son:
- Caminar y realizar actividad física con regularidad.
- Continuar aprendiendo materias nuevas.
- Mantener horarios de sueño relativamente estables.
- Reducir el multitasking innecesario.
- Relacionar la información nueva con conocimientos previos.
- Mantener conversaciones y vínculos sociales.
- Controlar presión arterial, glucosa y colesterol.
- No ignorar problemas de audición o visión.
- Utilizar agendas, notas y recordatorios digitales.
- Consultar si los cambios cognitivos empiezan a interferir con la vida diaria.
Utilizar una agenda no significa tener mala memoria.
No necesitamos almacenar cada cita, contraseña o lista de compras exclusivamente en la cabeza.
Liberar parte de esa carga permite utilizar los recursos mentales para decisiones más importantes.
La edad importa, pero importa más el patrón de cambio
No existe un cumpleaños concreto en el que la memoria empiece a deteriorarse de repente.
Algunas funciones cognitivas cambian gradualmente durante la vida adulta.
Pero existen enormes diferencias individuales.
Influye la genética.
Influye el sueño.
Influye la salud cardiovascular.
Influyen la educación, el estrés, la actividad física, las enfermedades y la vida social.
Por eso dos personas de 70 años pueden presentar perfiles cognitivos completamente distintos.
Una puede estar estudiando un idioma y organizando viajes por su cuenta.
Otra puede necesitar ayuda para actividades cotidianas.
La edad cronológica por sí sola no explica todo.
Por eso, en lugar de preguntar únicamente:
“¿A qué edad empieza a fallar la memoria?”
puede ser más útil preguntarse:
“¿Cómo ha cambiado mi memoria respecto a mi propio nivel habitual?”
La velocidad, la intensidad y el tipo de cambio pueden proporcionar mucha más información que el número de años que aparece en el documento de identidad.
Con la edad, recuperar algunos recuerdos puede requerir un poco más de tiempo, pero eso no significa que no podamos entrenar y cuidar la memoria.
Prestar más atención al aprender, utilizar la recuperación activa y la repetición, además de cuidar el sueño y la actividad física, puede ayudar a mejorar la forma en que el cerebro codifica y conserva la información.
Si quiere entender mejor cómo se forma la memoria, cómo se fortalece y qué hábitos pueden ayudar a recordar durante más tiempo, puede consultar también 「Cómo mejorar la memoria|Neurociencia para aprender mejor y recordar durante más tiempo」
La reflexión de Kori
Sí, la memoria cambia con la edad.
La velocidad de procesamiento puede reducirse.
La memoria de trabajo puede necesitar más esfuerzo.
Algunos nombres pueden tardar un poco más en aparecer.
Pero tardar más no significa haber perdido la capacidad.
El cerebro adulto y mayor conserva neuroplasticidad.
Puede aprender, adaptarse, compensar y formar nuevas conexiones.
Además, con los años se acumula algo que un cerebro joven no puede obtener rápidamente: décadas de conocimientos y experiencias.
Por eso creo que el objetivo no debería ser conseguir que un cerebro de 65 años funcione exactamente como uno de 25.
Tiene más sentido ayudar al cerebro que tenemos ahora a mantenerse activo, flexible y saludable.
Caminar.
Dormir bien.
Aprender algo nuevo.
Hablar con otras personas.
Cuidar la salud cardiovascular.
Mantener la curiosidad.
El cerebro no es una máquina que se estropea simplemente porque la hayamos utilizado durante muchos años.
En buena medida, es un órgano que necesita seguir siendo utilizado para conservar muchas de sus capacidades.
¿La memoria empeora con la edad? Preguntas frecuentes
Q1. ¿A qué edad empieza a disminuir la memoria?
No existe una edad concreta. Algunas capacidades, como la velocidad de procesamiento o la memoria de trabajo, pueden cambiar gradualmente durante la edad adulta. Sin embargo, existen grandes diferencias entre personas y factores como el sueño, la actividad física, el estrés y la salud general también influyen.
Q2. ¿Olvidar nombres significa que estoy desarrollando demencia?
No necesariamente. Tener dificultades ocasionales para recordar un nombre y recuperarlo más tarde puede ocurrir durante el envejecimiento normal. Conviene consultar cuando los problemas son progresivos y empiezan a interferir con actividades como conducir, gestionar el dinero, tomar medicamentos o mantener conversaciones.
Q3. ¿Se puede mejorar la memoria cuando somos mayores?
Sí. El cerebro conserva neuroplasticidad durante toda la vida y las personas mayores pueden continuar aprendiendo y mejorando numerosas habilidades. El ejercicio, un buen sueño, el aprendizaje continuo, la actividad social y el control de los factores cardiovasculares pueden apoyar la salud cognitiva.
¿La memoria empeora con la edad? Referencias
National Institute on Aging, How the Aging Brain Affects Thinking
National Institute on Aging, Cognitive Health and Older Adults
National Institute on Aging, Memory Problems, Forgetfulness, and Aging
National Institute of Neurological Disorders and Stroke, Brain Basics: Understanding Sleep
National Academies of Sciences, Engineering, and Medicine, Preventing Cognitive Decline and Dementia
Park DC, Reuter-Lorenz PA, The Adaptive Brain: Aging and Neurocognitive Scaffolding
Nature Reviews Neuroscience, Neural Plasticity in the Ageing Brain
Nature Reviews Neuroscience, The Cognitive Neuroscience of Ageing
U.S. Department of Health and Human Services, Physical Activity Guidelines for Americans

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Hasta la próxima historia de ciencia — KoriScience, ciencia con sabiduría.